La Vía de la Plata II

Construcción

A la hora de la construcción de una calzada los romanos buscaron siempre un trayecto lo mas recto posible, consiguiendo de esta forma la ruta más directa posible. Ante esta necesidad se daban diversas complicaciones como puede ser la existencia de una cadena montañosa que no permitía el paso en línea recta. Cuando esto sucedía los romanos excavaban hasta conseguir una pendiente adecuada y colocaban muros laterales de contención[1].

Una vez disponían del trayecto a seguir comenzaba la construcción propia de la calzada cuyo primer paso era abrir una zanja profunda en la cual se colocaba una capa de piedras de considerable tamaño que recibía el nombre de statumen. Por encima de la primera capa se asentaba sobre ella otra capa de arena y gravilla llamada rudus, sobre ella se vertía un estrato de piedras trituradas mezcladas con cal llamada nucleus y, finalmente, se cubría toda la estructura con el pavimentum: piedras talladas[2]. Un ejemplo de lo expuesto se puede apreciar en la siguiente imagen.

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Figura 1: Construcción de una calzada romana

 Historiografía

El camino que lleva por nombre la Vía de la Plata despertó un fuerte interés en los viajeros y eruditos que dejaron una descripción de sus particularidades.

En el siglo XVI nos encontramos con varios autores entre los que se puede destacar a Jerónimo Zurita (1512 -1580 d.C.). En estos incipientes momentos del estudio del camino los autores se centraron en la lectura de los miliarios, pero cabe señalar que ciertos autores llevaron a cabo prácticas poco éticas en su investigación dado que falsificaron algunos de los miliarios debido a sus ansias de erudición[3].

Llama la atención como en el siglo XVII no hay constancia de investigaciones relativas a la calzada. Sin embargo, el siglo XVIII conoció al mayor experto del recorrido y el autor que más datos ha proporcionado, se trata de Luis José de Velázquez y Velasco (1722-1772 d.C.). Dicho autor tenía el propósito de realizar una gran recopilación de inscripciones peninsulares, llegando a redactar unos 80 volúmenes, entre que nos concierte el numero 25 relativo a su viaje por Andalucía y en el describe la calzada desde Mérida a Salamanca[4].

En el siglo XIX destaca Alejandro de Laborde (1773–1842 d.C), autor de una descripción del Camino de la Plata desde Mérida a Salamanca. La descripción carece de cierta novedad puesto que fue tomada de Velázquez siendo lo que más destaca de este autor la magnífica serie de láminas que se insertan en la descripción. En dichas laminas se recogen alzados y planos de puentes además de reproducciones de edificios[5].

Por último, ya en el siglo XX destacan dos autores: el padre César Morán (1882-1951 d.C.) y Federico Wattenberg (1923- 1967 d.C.). Por un lado, César Morán llevo a cabo una descripción de la vía en su camino por la provincia de Salamanca y destaca la presencia de mapas en sus análisis que aportan una mayor precisión a los análisis pretéritos.  Por otro lado, Federico Wattenberg llevó a cabo una reconstrucción del camino entre Salamanca y Astorga, siendo destacable la gran cantidad de fuentes que recopila, una precisa cartografía y la exploración que realizó el mismo sobre el terreno[6].

   El Recorrido

La Vía de la Plata completó su trazado definitivo en época de Augusto, dicho recorrido tenía como cabeza de ruta Mérida, siguiendo hasta Astorga. Más tarde, la calzada subía hacia el norte a través de la actual provincia de Cáceres pasando cerca de la capital romana de dicha región: Norbensis Caesarina. A continuación, se avanzaba por Baños de Montemayor y el Puerto de Béjar y se alcanzaba Salamanca, lugar desde donde continuaba hacia el norte a través de Zamora. En Zamora hay que destacar la existencia de un cruce de caminos, uno de ellos llevaba por el noroeste a la ciudad de Zaragoza, y el otro avanzaba hacia el norte para finalmente terminar el recorrido de la Vía de la Plata en Astorga[7].

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Figura 2: Recorrido de la Vía de la Plata

De Augusta Emerita a Caecilius Vicus hay unos 190 km que recorren la actual Extremadura y se tiene constancia de más de 130 miliarios. Este recorrido muestra uno de los más claros ejemplos de cómo estos caminos antiguos aún siguen siendo utilizados por las ventajas que tienen a la hora de saltar obstáculos en el relieve que favorecen la construcción de carreteras. Dicho ejemplo consiste en que el primer tramo de la vía una vez se sale de Mérida en dirección norte coincide con el comienzo de la N-630, siguiendo un camino rectilíneo sin problema topográfico alguno[8].

La Vía de la Plata en su tramo que comunica Caecilius y Asturica transcurre por la actual Castilla y León. En esta zona se han realizado diversas intervenciones arqueológicas que han permitido constatar la existencia de diversos tramos de la calzada conservados en perfecto estado como puede ser la localizada en el Puerto de Béjar. En este tramo se conservan aun cuantiosos miliarios en su posición original: un ejemplo es el situado en la entrada de Valverde de la Valdecasa. A la altura de Salamanca llama la atención el gran puente romano de quince arcos situado en la entrada de Salmantica[9].

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Figura 3: Puente romano de Salamanca

El camino llega a su fin en la ciudad de Astorga, lugar que puede ser definido como un cruce de caminos debido a que por ella transcurren varias calzadas romanas. Cuando el emperador Augusto conquistó este lugar a los amacos, pueblo integrado en el mundo de los astures, hizo de Astorga un lugar de gran importancia para toda la región del noroeste hispánico. Desde este lugar Roma vigilada y llevaba a cabo la explotación de oro. Esta ciudad fue el emplazamiento de una legión romana, la X Gemina, llegando a convertirse en una importante ciudad con un alto nivel de desarrollo durante el transcurso de los primeros siglos del Imperio Romano[10].

  Los Miliarios

Gracias a diversas pruebas arqueológicas como los miliarios se tiene constancia de que la Vía de la Plata sufrió diversas modificaciones a lo largo del tiempo como puede ser en época de Trajano, momento en el que se llevó a cabo una gran intervención sobre la calzada atestiguada con veintitrés miliarios[11].

Los miliarios conservados en el recorrido de la Vía de la Plata son cuantiosos y eso es una excepcionalidad dentro del mundo de las calzadas romanas. Dichos elementos tenían la función de indicar a los viajeros la distancia recorrida desde el punto de partida de la vía. Se ha establecido que este recorrido contaba con 0.603 miliarios por milla con una cronología entre ellos bastante dispar que va desde el 12 a.C hasta el siglo IV d.C[12]. Los miliarios constituyen, a partir del emperador Augusto, la principal fuente de información para conocer la progresiva evolución que ha sufrido la calzada. La última intervención romana sobre el recorrido de la que se tiene constancia es la de Valentiano I (321- 375 d.C) fechado entre el 354 y 367[13].

A los investigadores les llama la atención la amplia concentración de miliarios en el tramo que va desde Mérida hasta los límites de la provincia de Salamanca. Esto se debe a diversas circunstancias como al carácter propagandístico de los emperadores romanos puesto que nos encontramos con miliarios que marcan la misma distancia, pero hacen referencia a otro emperador posterior al del primer miliario colocado, por lo tanto, su establecimiento no respondía a cuestiones de utilidad. Estos miliarios en su mayoría estaban realizados sobre granito y sólo se tienen documentados dos excepciones realizadas sobre arenisca situados en la zona norte, de esta forma, se puede establecer que la elaboración de los miliarios se realizaba con materias primas locales[14].

Gracias a los análisis llevados a cabo por diversos investigadores se ha podido conocer como las inscripciones no se efectuaban de manera necesaria en el mismo momento de la colocación de las piezas, esta hipótesis se deduce gracias a la existencia de una buena cantidad de miliarios que no presentan inscripción alguna. La realización de estas inscripciones era llevada a cabo por distintos lapicidas. Un lapicida tenía asignado un determinado tramo de la vía que solían tener una longitud de 20 o 25 millas. A través de esta hipótesis se ha realizado un estudio que afirma que en la señalización a lo largo de la Vía de la Plata participaban unos quince talleres, con dos o tres lapicidas por taller[15].

Los miliarios tenían una estructura a la hora de hacer las inscripciones en ellos que consta de la siguiente formula: primero se ponía el nombre del constructor de la vía o del restaurador incluido sus títulos y cargos, a continuación, se incluía la formula a + lugar desde donde (ablativo) y/o la formula ad + lugar hasta donde (acusativo). A través de dicha fórmula se hacía referencia a la distancia entre el punto donde estaba situado el miliario y el de partida o llegada de la vía.

Estos miliarios con el paso del tiempo han sido utilizados para realizar diversas construcciones de edificios o para completar muros que delimitan los distintos terrenos. Este fenómeno se debe a su gran utilidad y facilidad de conseguir, ya que no requiere el trabajo de la piedra dado que ya se encuentra trabajada, además, salía gratis para los constructores.

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Figura 4: Miliario de la Vía de la Plata inserto en un muro

El transporte de mercancías y personas

A lo largo de este recorrido se transportaban mercancías: del norte hacia el sur se transportarían ganado de diversas especies como pueden ser vacas, ovejas y caballos, también se moverían metales de gran valor como el oro y el estaño. Otras materias transportadas serían la madera y posiblemente el trigo de los vacceos. No solo se transportaban objetos en dirección norte-sur sino también esclavos, debido a que el avance de las conquistas romanas llevaba consigo el sometimiento de diversas poblaciones y la esclavización de una parte de la población[16].

En dirección Sur-Norte nos encontramos con otro tipo de mercancías: seguramente antes de la dominación romana llegaría al norte el cobre y la plata de los tartésicos. Los objetos más destacados serían las armas, joyas, y diversos objetos llegados del mediterráneo como puede ser el marfil de África. Las piezas más habituales que se suelen encontrar son las ánforas y las lucernas [17].

Llama la atención como a medio camino entre Astorga y Mérida, en lo que sería la actual provincia de Salamanca y el sur de Zamora, se produce un vacío en la aparición de monedas y, además, los productos de uno y otro lado llegan de forma muy esporádica a esta zona. Uno de los motivos puede ser que se trata de una zona periférica de la romanización en la cual el transporte de las mercancías hasta dicho lugar elevaría el precio de las mismas y la imposibilidad de ser compradas por las gentes del lugar[18]. Cabe señalar que Salamanca destaca por la práctica inexistencia de objetos militares en los registros arqueológicos, uno de los motivos es que no hay atestiguadas hasta el momento unidades del ejército en Salamanca[19].

Los pavimentos de la calzada se deterioraban debido al constante azote de las lluvias y por el continuo tránsito que se generaba en ella. De este modo, los viajes solían ser bastantes incómodos para los hombres y aún más para los animales de tiro que se encargaban de acarrear con el peso de todas las mercancías y solían contar con una corta vida. En la actualidad, en algunas partes del recorrido se puede ver en el enlosado las marcas que dejaron el continuo paso de los carros cargados de mercancías o personas[20].

Las personas a lo largo de la vía podían viajar de diferentes formas, una de ellas sería a pie. También podían viajar en una litera llevada por esclavos que podían ser abiertas o cerradas. Para realizar un viaje cómodo y rápido los romanos utilizaban los carruajes de dos ruedas tirados por caballos o mulas. Entre este tipo de carro de dos ruedas se pueden dar diversas variantes como puede ser el carruaje que lleva por nombre birotus caracterizado por ser ligero y podía llevar un peso adicional al de los pasajeros de 66 kilogramos[21].

Los senadores o incluso, si se diera el caso, el emperador solían viajar a lo largo de la calzada en la raeda, caracterizado por ser un carruaje de cuatro ruedas tirado por ocho mulas o caballos. Como ya se ha dicho anteriormente, la Vía de la Plata tuvo un importante papel militar y el carruaje de cuatro ruedas era utilizado para el transporte de tropas o alimentos para las legiones, soportando un peso que rondaba los 276 kilogramos[22].

A lo largo de la calzada se pueden encontrar una serie de paradas que permitían descansar a los viajeros y a los animales que los acompañaban, dichas paradas se solían situar cada 20.000 pasos que equivaldrían a 30 kilómetros.  Entre estas áreas de descanso se daban desigualdades: las más pequeñas recibían el nombre de mutationes cuyos clientes más habituales eran los oficiales del servicio postal, cuando ese establecimiento alcanzaba una mayor importancia recibía el nombre de mansio, en su origen reservados para altas dignidades de la sociedad romana, pero acabaron siendo para todo el pueblo[23].

Estos establecimientos podían tener un grado de urbanización desigual, algunos de ellos como la mansio Capera llegó a obtener la categoría de municipum y se configuro como una zona de poblamiento con una economía fundamentalmente agrícola y ganadera[24].

Conclusiones

Una vez analizada la historia de la Vía de la Plata se pueden deducir unas conclusiones a partir de los argumentos expuestos. Una de las más importantes es que la Vía de la Plata fue un elemento necesario para el desarrollo del comercio en la Península Ibérica ya que unía dos zonas que se necesitaban la una de la otra puesto que en el norte tenían recursos de los que el sur carecía y viceversa.

La Vía de la Plata no fue únicamente un camino por el cual circulaban mercancías y personas, fue todo un instrumento de propaganda imperial a través del cual la población situada a miles de kilómetros de Roma podía conocer quien era el emperador que había desarrollado ese tramo del camino o lo había reparado. De esta forma, la gente sentía aprecio y respeto por esa persona a pesar de no haberla visto nunca.

Por último, el esfuerzo constructivo que realizaban los romanos para construir estás vías es digno de ser respetado. Con los medios tan reducidos con los que disponían eran capaces de realizar autenticas obras de ingeniería que durarían más de 2000 años.

Bibliografía

ALMAGRO-GORBEA, Martín. (2008): “Los caminos occidentales de la Península Ibérica antes de la Vía de la Plata” en VVAA. La vía de la Plata una calzada y mil caminos. Ministerio de cultura, Madrid. pp. 32-40.

BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José María. (2006): Vías e itinerarios: de la Antigüedad a la Hispania romana. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante. Disponible en:

FERNANDEZ OCHOA, Carmen. (1998): “Informe sobre Vía y ruta de la Plata”. Disponible en:  https://goo.gl/NjuXD1 [29/08/2018]

GARCÍA-FIGUEROLA, Miguel. “El comercio en la Vía de la Plata durante la época romana”. em VV.AA. Historia del comercio y la industria de Salamanca y provincia. Gráficas Lope, Salamanca, 2011.

MARTÍN DE CÁCERES, Enrique Cerrillo; MONTALVO FRÍAS, Ana. (2008): “La Vía de la Plata en Extremadura” en VVAA. La Vía de la Plata, una calzada y mil caminos. Ministerio de Cultura, Madrid. pp. 49-57.

MUÑOZ HIDALGO, Diego. (2010): “Sobre el Topónimo camino de la Plata y el eje S.-N./N.-S. del occidente Hispano. Nuevas consideraciones, aportaciones y reflexiones”. En El Nuevo Miliario. N.º 11, pp. 5-36. Disponible en:

MUÑIZ SAN SEGUNDO, José Carlos. (2006): “Las vías romanas”. Disponible en: https://goo.gl/bkviKz  [27/08/2018]

PUERTA TORRES, Carmen. (2002): Los miliarios romanos de la Vía de la Plata. Universidad complutense de Madrid, Madrid.

RABANAL ALONSO, Manuel-Abilio. (2008):” La vía de la Plata el tramo de Castilla y León” en VVAA. La Vía de la plata una calzada y mil caminos. Ministerio de cultura, Madrid. pp. 58-69.

RODRIGO LÓPEZ, Victoria; HABA QUIRÓS, Salvadora. (1990): “La Vía de la Plata entre las mansiones de Rusticiana y Caecilius vicus: la calzada en relación con el asentamiento” en Simposio sobre la red viaria en Hispania romana. Institución Fernando el católico, Zaragoza. pp. 241-252.

ROLDÁN HERVÁS, José Manuel. (2007): “El Camino de la Plata iter o negotium” en Gerión, Vol. 25, N.º Extra 1, pp. 323-340.

ROLLÁN ORTIZ, Jaime Federico. (2002): “Puntualizaciones sobre la Vía de la Plata y su enlace con Noega y Gigia” en Tierras de León: Revista de la Diputación Provincial, Vol. 40, N.º 114, pp. 1-28.

ROLDÁN HERVÁS, José Manuel. (2008): “El camino de la Plata: Historia de una vía romana” en VVAA. La Vía de la Plata, una calzada y mil caminos. Ministerio de Cultura, Madrid. pp. 41-48.

ROLDÁN HERVÁS, José Manuel. (2008): “Los miliarios de la Vía de la Plata” en VVAA. La Vía de la Plata, una calzada y mil caminos. Ministerio de Cultura, Madrid.

[1] MUÑIZ SAN SEGUNDO, (2006), 11.

[2] Ibidem, 12.

[3] ROLDÁN HERVÁS, (2007), 325.

[4] Idem.

[5] Ibidem, 325-326.

[6] Ibidem, 327.

[7] Ibidem, 334.

[8] MARTÍN DE CÁCERES; MONTALVO FRÍAS, (2008), 50.

[9] RABANAL ALONSO, (2008), 63-65.

[10] RABANAL ALONSO, (2008), 66-67.

[11] PUERTA TORRES, (2002), 39-43.

[12] Ibidem, 40-43.

[13] Ibidem, 46.

[14] ROLDÁN HERVÁS, (2008), 73-76.

[15] Ibidem, 77-78.

[16] ALMAGRO-GORBEA, (2008), 38.

[17] Ibidem, 38-39.

[18] GARCÍA-FIGUEROLA, (2011), 6.

[19] Ibidem, 14.

[20] BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, (2006), 15.

[21] Ibidem, 16.

[22] Idem.

[23] MUÑIZ SAN SEGUNDO, (2006), 7

[24] RODRIGO LÓPEZ; HABA QUIRÓS, (1990), 241.

Tabla de imágenes

Imagen portada: https://goo.gl/6VMWSu  [31/08/2018]

Figura 1: Construcción de una calzada romana: https://goo.gl/ya7UaK  [31/08/2018]

Figura 2: Recorrido de la Vía de la Plata: https://goo.gl/D44LtK  [31/08/2018]

Figura 3: Puente romano Salamanca: https://goo.gl/ieGk9H  [31/08/2017]

Figura 4: Miliario: https://goo.gl/7CcwRj [31/08/2018]

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