Los Corregidores II

Las ciudades y los corregidores.

museo-saleta-de-jovellanos

Cuadro en el que se representa a Jovellanos

Para iniciar este apartado conviene destacar por qué se enviaron corregidores a las distintas ciudades. Dentro de cada ciudad existía una población oligárquica que gobernaba y gestionaba la vida urbana, esto en algunas ocasiones generaba tensiones y rivalidades entre los oligarcas produciendo momentos en los que la calidad de la justicia efectuada era muy dudosa e incluso se hacían inoperativas las ordenanzas del gobierno central del reino. Ante esta situación los reyes decidieron mandar corregidores para así restaurar la paz y devolver a las ciudades a una estabilidad política[1]. Cabe señalar que la instalación de la figura del corregidor en el seno de las diferentes ciudades no se hizo al mismo tiempo, por ejemplo, la instalación del corregidor en la ciudad de Guadalajara fue tardía y eso que era una ciudad importante teniendo el voto en las Cortes[2].

Al instalar a los corregidores en las distintas ciudades, estos tuvieron que convivir con las alcaldías y dependiendo del grado económico o gravedad del delito a juzgar le correspondía al corregidor o al alcalde dictar la sentencia.

Como vemos los reyes aprovechaban situaciones de conflictividad en el seno de las ciudades para mandar a los corregidores, pero en ocasiones estos municipios adoptaban una postura reacia al envió del delegado regio puesto que eran conscientes de que sus parcelas de poder iban a ser controladas por una persona ajena y no por ellos mismos. De esta forma, los reyes fueron integrando a sus delegados regios en las distintas ciudades para ir iniciando una serie de procesos centralizadores basados en su autoridad[3].

Para que el corregidor no tomase partido por uno de los bandos sociales de la ciudad y pudiera actuar como un mediador solvente se precisaba que fuera una persona ajena a la ciudad, es decir, no podía ser un residente de la misma[4]. Dado que cada ciudad disponía de una estructura política el corregidor debía de adaptarse a ella, por lo tanto, se dieron corregidores cuyas atribuciones presentaban una fuerte singularidad generando un panorama que distaba notoriamente de ser uniforme[5].

La ciudad donde residía el corregidor debía pagarle a éste su alojamiento, además de su sueldo y el de sus ayudantes. Conviene destacar el caso del corregidor de Toledo puesto que cobraba en torno al 1520 unos 415.000 maravedíes anuales, cantidad que salía del ayuntamiento, pero a esto cabe añadir algunos sobresueldos como puede ser los derechos de paso, llegando a alcanzar un salario de más de medio millón de maravedíes al año[6].

En la Obra política para Corregidores de Jovellanos se manifiesta que las ciudades no pueden nombrar a los corregidores, puesto, como bien se ha señalado ya, esa facultad recaía únicamente en la monarquía. Sólo existía un caso en el que la ciudad puede nombrar a un sustituto y es cuando el corregidor fallecía, su sustituto generalmente sería el teniente, pero todo esto tendría un carácter temporal hasta que el rey mandase a otro corregidor.

En las ciudades nos encontramos con un marco normativo compuesto por la ley, la real, la canónica, y la costumbre[7]. Como existía esta pluralidad normativa se favoreció la elaboración de ordenanzas. Las ordenanzas muestran el derecho municipal por medio del cual las ciudades tenían una capacidad jurisdiccional, pero estas ordenanzas debían de tener la autorización real puesto que el rey era la cabeza suprema de la justicia y tenía que ver si alguna característica de las diversas ordenanzas afectaba al poder real, a la costumbre, etc. La costumbre era tan importante en las urbes que los corregidores debían conocerla, dado que podían llegar a ser castigados por dictar sentencias en contra de la costumbre[8].

Bibliografía

ARANDA PÉREZ, Francisco J. Poder y poderes en la ciudad de Toledo. Gobierno, Sociedad y Oligarquías en la Edad Moderna. Ciudad Real: Universidad de Castilla-La Mancha, 1999.

FORTEA PÉREZ, José Ignacio.” Los corregidores de Castilla bajo los Austrias: elementos para el estudio prosopográfico de un grupo de poder (1588-1633)” en Studia Historica, N.º 34, 2012.

FORTEA PÉREZ, José Ignacio. “Principios de gobierno urbano en la Casilla del siglo XVI” en MARTÍNEZ RUIZ, Enrique (dir.). Madrid, Felipe II y las ciudades de la Monarquía. Las ciudades: poder y dinero. Tomo I. Madrid: ACTAS, 2000.

GONZALEZ ALONSO, Benjamín. El corregidor castellano (1348-1808). Madrid: Instituto de Estudios Administrativos, 1970.

LUNENFELD, Marvin. Keepers of the city. The Corregidores of Isabella I of Castile (1474-1504). Cambridge: Cambridge University Press, 1987.

MARTÍNEZ PEÑAS, Leandro; FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Manuela. “La respuesta regia al desorden urbano: la doble naturaleza de los corregidores” en FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Manuela; MARTÍNEZ PEÁS, Leandro (coord.) Amenazas y orden público: efectos y respuestas de los Reyes Católicos al Afganistán contemporáneo. Madrid: Asociación Veritas para el Estudio de la Historia, el Derecho y las instituciones, 2013

Artículos

ASENJO GONZÁLEZ, María. “El corregidor en la ciudad. La gestión de su oficio y la construcción del habitus a finales del siglo XV y principios del XVI” en Studia Historica: Historia Moderna. N.º 39, 2017. Disponible en: https://goo.gl/mpojL8 [Consulta: 20/08/2018]

DIAGO HERNANDO, Máximo. “El papel de los corregidores en los conflictos políticos en las ciudades castellanes a comienzos del siglo XVI” en La España Medieval, N.º 27, 2004. Disponible en: https://goo.gl/KGwMgc [Consulta: 21/08/2018]

TOMAS Y VALIENTE, Francisco. “Castillo de Bobadilla (c. 1547-c. 1605). Semblanza personal y profesional de un juez del Antiguo Régimen”.  En Anuario de historia del derecho español, N.º 45, 1975. pp. 159-232. Disponible en: https://goo.gl/TKmXXA [Consulta: 15/08/2018]

[1] ASENJO GONZÁLEZ, María. “El corregidor en la ciudad. La gestión de su oficio y la construcción del habitus a finales del siglo XV y principios del XVI” en Studia Historica: Historia Moderna. N.º 39, 2017. p. 94.

[2] FORTEA PÉREZ, José Ignacio. “Principios op. cit. p. 307.

[3]  MARTÍNEZ PEÑAS, Leandro; FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Manuela. “La respuesta regia al desorden urbano: la doble naturaleza de los corregidores” en FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Manuela; MARTÍNEZ PEÁS, Leandro (coord.) Amenazas y orden público: efectos y respuestas de los Reyes Católicos al Afganistán contemporáneo. Madrid: Asociación Veritas para el Estudio de la Historia, el Derecho y las instituciones, 2013. pp. 9-12.

[4] ASENJO GONZÁLEZ, María. “El corregidor op. cit. p. 94.

[5] DIAGO HERNANDO, Máximo. “El papel de los corregidores en los conflictos políticos en las ciudades castellanes a comienzos del siglo XVI” en La España Medieval, N.º 27, 2004. p. 197.

[6] ARANDA PÉREZ, Francisco J. Poder y poderes op. cit. p. 149.

[7] FORTEA PÉREZ, José Ignacio. “Principios op. cit. p. 271.

[8] Ibidem. pp. 271-272.

Tabla Imágenes

Cuadro Jovellanos: http://www.turismocastillalamancha.es/patrimonio/museo-saleta-de-jovellanos-18361/descripcion/ [24/08/2018]

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