Las Ordenes Religiosas Medievales

La vida monástica de los monjes benedictinos entre los siglos X y XIII.

La vida monástica de la época comienza con la elección de los propios monjes dentro del monasterio puesto que no todos podían entrar. Este hecho se explica por la capacidad de mantener a los monjes que tenía el monasterio, es decir, si un monasterio tenía sumisitos y dinero para mantener a 40 monjes ese era el tope de la ocupación. Así que cuando fallecían los más ancianos se aceptaría la incorporación de nuevos monjes. (BOYD, 1999 p. 14).

Estos nuevos monjes suelen ingresar a una edad juvenil, rondando los seis o siete años entre las monjas y los diez u once para los monjes. (LINAGE CONDE, Antonio, 2007, p. 43). Una vez ingresan en el monasterio dedicarán los seis primeros años al estudio, cuando haya transcurrido dicho tiempo serán nombrados sacerdotes y serán iguales a los demás monjes del monasterio. Seguirán estudiando a lo largo de su vida, pero también trabajarán para el sostenimiento del monasterio en diversas actividades como puede ser la cocina o la gestión de los ingresos y los gastos. (BOYD, 1999, pp. 22-24).

Dado que los monjes dedicaban la mayor parte del día a la realización de misas y a orar era necesario que tuvieran ayuda para realizar las labores manuales y seculares que necesitaba el monasterio para su propio mantenimiento y esta labor era realizada por los llamados hermanos lego, quienes solían llevar un hábito muy similar al de los labradores y pastores, pero siendo un poco más largo. Sin embargo, una actividad de la que los monjes estaban obligados era la de cocinar (LINAGE CONDE, Antonio, 2007, pp. 50-51).athelstan_c1.png

Fuente: https://bit.ly/2nxdJRe

Dentro del monasterio nos encontramos una serie de cargos o trabajos entre los miembros que lo componen, situándose a la cabeza de todos ellos el abad. El abad solía contar con un capellán, que no realizaba una función específica, simplemente era la persona de mayor confianza del abad y en algunas ocasiones llegaba a suceder al abad al que habían servido. (LINAGE CONDE, Antonio, 2007, pp. 58-61). También los monasterios contaban con una persona denominada prior, considerada como el segundo del abad y que tenía funciones diversas entre las que se encuentra confesar a los monjes o velar por la disciplina (LINAGE CONDE, Antonio, 2007, pp. 66-67). Todo monasterio solía contar con un enfermero, quienes tenían un control total de la enfermería donde se realizaban diversas labores: el afeitado de los monjes, realizar las primeras disposiciones en caso de muerte de un monje, etc. (LINAGE CONDE, Antonio, 2007, p. 72).

Un cargo que merece especial mención es el de sacristán, dicho puesto suponía ser el encargado de la biblioteca del monasterio. El nombramiento de este cargo se hacía a través de una ceremonia solemne en presencia de los demás monjes y ante el abad que solía recitar la siguiente frase al nuevo sacristán mientras le entregaba el anillo de los estantes “Sé custodio de los libros y jefe de los escribas” (PÉREZ DE URBEL, Justo, 1942, p. 215). El sacristán debía de distribuir y recoger los códices diariamente y vigilar que todos los manuscritos se devolvían en buenas condiciones ya que en caso contrario el culpable del deterioro pagaría una penitencia de tres días. (PÉREZ DE URBEL, Justo, 1942, p. 215)

El día para los monjes comenzaba a medianoche cuando tenían la obligación de acudir en procesión a la iglesia, donde estarían hasta las nueve de la mañana, momento en el que suenan las campanas llamando a los monjes a la misa capitular, en la se leía cada día un capítulo de la regla monástica a la que estaban sujetos. A las once de la mañana solían celebrar una misa mayor en el altar principal del monasterio y una vez este acto concluía se dirigían al comedor. Después de la comida los monjes tenían un tiempo libre en el cual podían descansar o leer, pero después de estas horas tenían que volver a iniciar sus oraciones o a trabajar en las labores que requería el monasterio. Finalmente, a las seis de la tarde se servía la cena y a las siete los monjes se retiraban a dormir. (BOYD, 1999 pp. 14-22).

Una de las ordenes monásticas benedictinas que merece especial mención es la Orden de Cluny. Los monjes pertenecientes a la orden de Cluny tenían una concepción de que el mundo secular era irremediablemente pecador y su única salvación era la vida del monje. Las personas seculares preocupadas por el Juicio Final hicieron cuantiosas donaciones a esta orden para garantizar su salvación, lo que permitió un notorio crecimiento de la orden. (LAWRENCE, 1999, p. 126).

Los monjes pertenecientes a dicha orden seguían en su día a día las fases antes citadas. Con respecto al trabajo de la cocina, dado que todos los monjes tenían la obligación de cocinar, la orden de Cluny estableció que se nombraban a cuatro monjes semanalmente para realizar dicha labor. (LINAGE CONDE, Antonio, 2007, p. 53).

Otra orden que merece especial mención en relación con el trabajo que realizan son los cistercienses. Los monjes pertenecientes a esta orden cultivaban ellos mismos las parcelas de tierra que poseía el monasterio puesto que quería sacar el máximo provecho de las posibilidades que les brindaba la tierra poseída. Cuando dichas tierras eran demasiado grandes las dividan y cercaban construyendo una serie de edificios para allí alojar a una serie de conversos que se dedicarían a cultivar la tierra y el ganado que allí se asentaría. (http://www.cistercensi.info/economia/econ05es.htm)

Las órdenes de redención de cautivos

En la Baja Edad Media eran numerosos los cristianos que se encontraban cautivos de los musulmanes y que solían ser vendidos como esclavos. A finales del siglo XII y principios del XIII varios hombres se dieron cuenta de la precaria situación de los cristianos capturados por los musulmanes y se sintieron llamados por Dios para llevar a cabo la creación de dos órdenes dedicadas al rescate de estos cristianos: la orden de la Santísima Trinidad y los Mercedarios. (CANTERA MONTENEGRO, 1998, p. 47).

Los trinitarios seguían tres votos: pobreza, obediencia y castidad. Se reunían en comunidades pequeñas cuyos integrantes llevaban un hábito blanco, de lana, con una cruz azul y roja sobre el pecho y una capa negra. El rescate de cautivos por esta orden tuvo una actividad importante en lugares como Granada y Túnez. (CANTERA MONTENEGRO, 1998, pp. 48-49).

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Fuente: https://www.ecured.cu/Orden_Trinitaria

Los Mercedarios tenían un hábito blanco, el que se podía ver en el pecho un escudo coronado y compuesto por una cruz blanca y las barras de Aragón Tuvo una expansión muy notable, primero en la Corona de Aragón y después en la de Castilla. Su labor principal fue el rescate de cristianos cautivos en los reinos de taifas hispano-musulmanes y en el norte de África y, más tarde, participarán en la evangelización de América. (CANTERA MONTENEGRO, 1998, pp. 49-50).

Las órdenes mendicantes

Se irán expandiendo de forma notoria las llamadas órdenes mendicantes. Los frailes mendicantes se caracterizan, por la movilidad, se movían de lugar en lugar. Además, mantenían un rechazo a la propiedad y dependían únicamente de la mendicidad. La predicación de los sacramentos era su única razón de ser. Tenemos que tener en cuenta de que en este momento la cultura estaba dejando de ser un monopolio clerical y había personas que estaban abrazando el ateísmo. (LAWRENCE, 1999, pp. 283-289)

En las ciudades se daban diversos tipos de predicadores y evangelizadores, pero los frailes consiguieron perpetuar en el tiempo gracias al apoyo de las instancias superiores de la iglesia ya que veía en ellos una forma de resolver el problema del creciente ateísmo y conseguir más adeptos. (LAWRENCE, 1999, pp. 283-289). Tras el IV Concilio de Letrán los predicadores de las ordenes mendicantes podrán incluso llegar a realizar confesiones, actividad que previamente estaba reservada para el abad o el párroco. (PALACIOS MARTÍN, Bonifacio,1995, p. 38)

Los Dominicos forman parte de las ordenes mendicantes y se establecían en el centro de las ciudades para atender religiosamente a la sociedad urbana, además, al pertenecer a las órdenes mendicantes, se caracterizan por llevar una vida de pobreza absoluta. La principal labor de los dominicos será la predicación, no estando regidos por unas estrictas reglas monásticas y de enclaustramiento. (CANTERA MONTENEGRO, 1998, pp. 26-31).

Otra orden perteneciente a las mendicantes son los llamados Franciscanos. Los miembros de esta orden eran los más numerosos y tenían una notable presencia en las tierras castellanas (GARCÍA ORO, José, 1969, p. 111). Estos frailes eran una orden seguidora de los principios de San Francisco quien llevó hasta el límite la necesidad de pobreza afirmando que todo seguidor suyo debería tener una vida errante, llegando a rechazar la propiedad común de la Iglesia apostólica. (LAWRENCE, 1999, p. 293)

Los franciscanos nicamente vivirían de las limosnas y, en reducidas ocasiones, del cobro que recibían por la realización de algún trabajo, pero dicho cobro debería servir únicamente para su sustento ya que no podían acumular riquezas. Al pertenecer a las ordenes mendicantes también tenían la labor de predicar el evangelio. (LAWRENCE, 1999, p. 293).

La Reforma de las órdenes religiosas en la Baja Edad Media (S. XIV-XV)

En los siglos XIV y XV la necesidad de reforma del cristianismo se convirtió en un tema obsesivo en todos los grupos que formaban el pueblo cristiano. La existencia de dos Papas, uno en Roma y otro en Aviñón, y destacadamente el Cisma de Occidente fueron dos motivos que impulsaban más la necesidad de una reforma. (CANTERA MONTENEGRO, 1998, p. 55). Juan Gerson llegará a afirmar que el estado en el que se encontraba la Iglesia antes de la reforma “parece brutal y monstruoso” (GARCÍA ORO, José, 1969, p. 19)

Se dará una decadencia de las ordenes monásticas caracterizada por una reducción en la fundación de monasterios y por el progresivo abandono de la vida ascética, llegando a tener una vida cómoda. Estos monjes realizarán acciones que antes no se permitían debido al catamiento de la Regla benedictina como puede ser el no comer carne, pero los monjes para permitirse dicho lujo llegaban a afirmar que se encontraban enfermos puestos que al pasar por la enfermería “tienen dispensa de la abstinencia” (CANTERA MONTENEGRO, 1998, pp. 55-57)

Pero había una degeneración mucho mayor que la de comer carne y era visible entre los abades y priores que habían trasladado su residencia a los suntuosos palacios de la nobleza, malgastando los recursos que tenía su monasterio. Los monjes de clausura llegaron a vagar fuera de sus monasterios y era habitual que se dirigieran a lugares poco apropiados para su condición religiosa. (GARCÍA ORO, José, 1969, pp. 20-21).

La reforma en el seno de los Franciscanos destaca por el resurgir del eremitismo franciscano. Este eremitismo se caracteriza por la creación de pequeñas comunidades aisladas que vivian en una absoluta pobreza y se desentendían de toda preocupación intelectual. Por otro lado, los Dominicos se vieron afectados especialmente por el Cisma de Occidente puesto que impulsó la indisciplina y el abandono de la necesaria pobreza. Debido a ello la reforma en el seno de la orden se caracterizó por una vuelta a las virtudes fundamentales de la Orden, antes citadas. (CANTERA MONTENEGRO, 1998, pp. 64-65).

Recomiendo leer: La Muerte en la Edad Media

Bibliografía

ATIENZA, Juan. G. Monjes y monasterios españoles en la Edad Media. Madrid, Temas de Hoy, 1992.

BOYD, Anne. La vida en un monasterio medieval. Madrid, Akal, 1987.

CANTERA MONTENEGRO, Margarita; CANTERA MONTENEGRO, Santiago. Las órdenes Religiosas en la Iglesia Medieval Siglos XIII a XV. Madrid, Arco Libros, 1998.

LAWRENCE, C.H. El monacato medieval. Formas de vida religiosa en Europa occidental durante la Edad Media. Madrid. Gredos. 1999.

LINAJE CONDE, Antonio. La vida cotidiana de los monjes de la Edad Media. Madrid, Complutense, 2007.

ORO GARCÍA, José. La Reforma de los religiosos españoles en tiempo de los reyes católicos. Valladolid, Instituto” Isabel la Católica” de historia eclesiástica, 1969.

PALACIOS MARTÍN, Bonifacio. “Los dominicos y las ordenes mendicantes en el siglo XIII”. VI Semana de Estudios Medievales: Nájera, 1995. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=554299

PÉREZ DE URBEL, Fray Justo. El monasterio en la vida española de la Edad Media. Barcelona, Labor, 1942.

Enlaces web : http://www.cistercensi.info/economia/econ05es.htm

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