La Muerte en la Edad Media II

Ritual funerario.

En este segundo apartado se llevará a cabo un análisis del proceso que seguía a la muerte de una persona durante el periodo medieval y el miedo que producía el regreso de los muertos.

Pasos hacia el descanso eterno.

A finales del siglo XIV se difundieron una serie de libros con una gran cantidad de imágenes (puesto que la mayoría de la población era analfabeta y así podían llegar a comprender la obra) en los cuales figuraban las recetas de como tener una buena muerte, las denominadas Artes moriendi.

La población tenía tres visiones ante la llegada de la muerte: la primera estaba compuesta por quienes creían que la muerte sucede en contra de su propia voluntad con una idea arraigada: el cuerpo mortal desaparece de la vista, pero de alguna manera permanece con ellos . La segunda visión estaba presente en quienes consideraban que la muerte es algo positivo, puesto que es la vía para alcanzar la ansiada vida eterna. Y, por último, la tercera visión estaba en quienes consideraban que la vida es una etapa de sufrimiento, y la muerte les permite liberarse de tales sufrimientos.

La muerte no era igual para todos, sobretodo en el ámbito urbano donde había más diversidad de gentes y estatus, pero llegaba a todos por igual. Esta afirmación se puede ver en la literatura, como puede ser en la siguiente frase del canciller Ayala: “Bien sabes tú, por cierto, e non deves dudar/ que la muerte non sabe a ninguno perdonar/ (…) e todos en común por ella han de pasar”.

En este periodo se desarrolla la muerte familiar, la cual se puede dividir en dos apartados: el primero sería el referente a los aspectos profanos visibles en los ritos del difunto, y el segundo estaría compuesto por los actos religiosos.

El aspecto profano de la muerte familiar sería visible en el deseo de realizar una ceremonia que se encontrase a la altura del suceso. Sólo se muere una vez, y la familia no dudaba en gastar todo lo necesario en los ritos funerarios.

En una familia con recursos, antes de permitir que la muerte llegase, se hubieran tomado todas las medidas necesarias para evitarla, pero si la situación ya no tiene solución, se iniciarían los rituales propios de los creyentes cristianos. Uno de estos rituales sería el sometimiento del enfermo a las preguntas que le formularia el sacerdote, esto sería el proceso de confesión de los pecados, a través del cual el hombre que espera la muerte sería perdonado y, de esta forma, hallará la deseada vida eterna. La propia llegada del sacerdote sería un elemento de aviso de la futura muerte de un vecino para los ciudadanos, ya que conforme se dirige a la casa, va haciendo sonar una campanilla.

Un hecho muy común en la sociedad medieval era la redacción del testamento, el cual se podía redactar en cualquier momento de la vida. Este documento se podía dividir en dos partes: las cláusulas piadosas y a continuación el propio reparto de sus bienes. Dentro del apartado de las cláusulas el futuro difunto dejaba constancia de sus pecados y faltas con el objetivo de ser reparadas. Un ejemplo utilizado por los futuros difuntos para que se les perdonasen sus faltas era hacer donaciones o dar limosnas.

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Necrópolis Medieval

También se podían dar casos en los que el futuro difunto no redactase el testamento y diera a conocer sus últimas voluntades en vida. Un ejemplo lo podemos encontrar con el mariscal de Inglaterra, Guillermo, cuya muerte se produjo en 1219. Este hombre sentía el deseo de fallecer en su casa y justo antes de ese momento, convocó a todos sus amigos y familiares, para que escuchasen de su propia voz que su heredero iba a ser su primogénito varón. Una vez llegado su momento se despidió afirmando la inevitable llegada de la muerte – “No puedo seguir defendiéndome por más tiempo de la muerte”.

La información relativa a la sepultura también se encontraba dentro del testamento. Esta sepultura se podía efectuar en el interior de las iglesias o en los cementerios, donde la posibilidad económica y el rango social eran los factores a tener en cuenta a la hora de depositar al difunto en su casa de la eternidad. Los malditos o excomulgados no tenían su lugar en los cementerios o en las iglesias y sufrían la denominada sepultaría maldita, aquella que no descansa en un lugar santo, como puede ser el abandono de un cuerpo en mitad de un campo o debajo de un puente.

Un ejemplo de esta sepultura maldita se puede apreciar entre 1411 y 1413 en Paris, donde Colinet de Puiseux fue decapitado y sus restos quedaron sujetos a la horca durante dos años. Finalmente era más digno dar sus huesos a los perros que depositarlos en un lugar sagrado.

El sitio más deseado para el descanso eterno para nobles era el interior de las catedrales urbanas, eso se debe al pensamiento de que ese lugar les proporcionaría una mayor cercanía con Dios. Estos nobles también deseaban hacer la misa por su fallecimiento en este lugar, ya que la solemnidad y riquezas que poseía eran de mayor rango y categoría que las de las demás iglesias. Estos ricos concebían la vida eterna como un lugar paradisíaco, formado por jardines cubiertos de flores y aguas cristalinas.

En la imagen presentada a continuación podemos ver la sepultura de una persona noble del periodo medieval. Dicha sepultura se encuentra ricamente decorada, representando el deseo de los nobles de tener un buen lugar de descanso eterno.

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Sepultura de un noble de la Edad Media

Una vez el hombre ha perdido la vida, su cuerpo será lavado y vestido por medio de las personas caritativas o de los propios vecinos, puesto que los familiares directos no realizaban esta acción.

Una curiosidad es que, si el entierro no se realizaba de forma inmediata, el cuerpo del difunto sufría una serie de tratamientos para que perdurase más tiempo, entre los que pueden estar: introducir mercurio por la nariz, unción del rostro con bálsamo. En los casos que el cuerpo tenía que ser trasladado a larga distancia, el medico realizaba la extirpación de las vísceras, y en su lugar se rellenaba con mirra y otras sustancias lo que permitía retardar el proceso de descomposición. Cuando no se podían realizar estos tratamientos de retraso de la descomposición se sustituía al difunto por un maniquí, moldeado a imagen y semejanza.

El cuerpo se trasladaba en un cajón de uso comunal, y era depositado directamente sobre el hoyo excavado para tal propósito. En los casos adinerados el difunto podía disponer de un ataúd de madera o plomo. En el traslado del cuerpo se producía un solemne desfile, donde a la cabeza se encontraría el sacerdote o clérigos pagados para dicho fin, a continuación, estarían los familiares y por último los amigos.

En este desplazamiento se podían escuchar gritos y llantos de todos los participantes y de las posibles plañideras contratadas para tal fin. Las cofradías también podían acompañar al cuerpo hasta su lugar de descanso, puesto que realizar obras de misericordia al servicio de los muertos era el objetivo principal de las cofradías. Los hombres medievales creían que estas cofradías les servían de protección, ya que suavizan y mitigan la llegada de la muerte.Estas cofradías proliferaron sin cesar en el entorno del año 1300, y en ellas se aglutinaban personas de todas las clases sociales que tenían que respetar unas reglas libremente aceptadas, dado que si alguien provocaba alguna acción que generase disputas era expulsado.

En todo este proceso era muy probable escuchar la frase Requiescat in pace, cuyo significado es descanse en paz. Era utilizada como una fórmula de tipo mágico, a través de la cual el difunto se desvincula del mundo de los vivos, es decir el alma abandonaba el cuerpo.

Una visión de la muerte que concierne destacar es la muerte como espectáculo. Se trata de la muerte producida a través de la ejecución publica de unos condenados. Dichos condenados antes de morir sufrían todo tipo de torturas, desde la castración hasta la rotura de los huesos con una maza.

Este tipo de muerte se califica como de espectáculo debido a que la población que lo vislumbraba no hacía más que disfrutar, es decir, gritaban con gozo ante las acciones de los torturadores, la presencia de tal cantidad de sangre era una autentico disfrute para ellos.

En el momento en que el alma del difunto abandona el cuerpo a través de la muerte, esta se puede dirigir a tres lugares: el Infierno, el Paraíso y el Purgatorio. El Infierno es el peor lugar donde el alma podía residir eternamente, ya que era donde se recibían eternas torturas y dolores inimaginables, capitaneados por el demonio. Por otro lado, el Paraíso era donde se podía disfrutar del descanso eterno, rodeado de paz. Y, por último, el Purgatorio era un lugar intermedio y temporal entre el Infierno y el Paraíso, en donde los difuntos que hubieran muerto sin terminar su estado de penitencia o con pecado veniales deben de pasar un tiempo relativamente largo.

Biografía

ARIÈS, Philippe. El hombre ante la muerte. Madrid: Taurus, 1992.

AZNAR VALLEJO, Eduardo. Vivir en la Edad Media. Madrid: Arco Libros, 1999. Disponible en: Vivir en la Edad Media (Cuadernos de historia) Gran precio.

MITRE FERNÁNDEZ, Emilio. El hombre ante la muerte. Enfermedad. Peste. Muerte. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2004. Disponible en:El hombre ante la muerte (HISTORIA)

FOSSIER, Robert. Gente de la Edad Media. Madrid: Taurus, 2007. Disponible en: Gente de la Edad Media Oferta.

RUIZ DE TOLEDO, Francisco Javier; NOVOA PORTELA, Feliciano. Para comprender la Edad Media. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2015.Disponible en: Para comprender la Edad Media (Historia y Geografía)

BUENO DOMÍNGUEZ, María Luisa. Espacios de vida y muerte en la Edad Media. Zamora: Semuret, 2001.

Imágenes

Necrópilis medieval: http://whc.unesco.org/?cid=31&l=en&id_site=1504&gallery=1&index=1&maxrows=12

Sepultura medieval:  https://pixabay.com/es/tumba-medieval-piedra-labrada-1642786/

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